CEO2

(Gerente + compartiendo experiencias organizacionales)

Cualquier persona que dirija personas debe dar siempre la cara. En ocasiones es muy duro tener que darla, pero:

  1. La otra persona se lo merece. Es un tema de respeto.
  2. Representas a una organización y a los valores de esta.
  3. Es un paso más para ganar credibilidad con tu gente.

Nunca he entendido a las personas que desaparecen en los momentos de dificultad. Si realmente eres un verdadero líder es entonces cuando más se te tiene que ver. Que es difícil ya lo sé, pero también sé que te pagan por eso.

Cuando cambié de trabajo la primera vez, me hicieron una jugada con el finiquito. Yo comuniqué al Director general que en un mes dejaba la empresa. Lo hice por teléfono, ya que era agosto, y aunque yo estaba trabajando, él estaba de vacaciones. Mi último día de trabajo, en la reunión con la Directora de Recursos humanos, me entregaron un finiquito que estaba penalizado, argumentando que había notificado mi marcha con tan sólo con una semana de antelación. Le transmití a la Directora de Recursos humanos mi disconformidad y me dijo que el Director general le había dicho que se hiciera así. Obviamente, le dije: “pues que venga y lo aclaramos”. A lo que ella me respondió: “casualmente hoy no está”.

A los dos años me lo cruce por el centro de la ciudad,  paseando, se hizo el sueco, se paró a mirar un escaparate. Yo, por mi parte con la cabeza alta. Y es que “El no dar la cara cuando hay que darla supone tener que esconderla luego por vergüenza”.

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