CEO2

(Gerente + compartiendo experiencias organizacionales)

Cada persona tiene su personalidad. Cada empresa tiene su cultura. La personalidad se basa en una serie de valores, al igual que lo hace la cultura. Cuando los valores de una empresa no encajan con los de una persona, o viceversa, no hay forma de hacer nada. Antes o después terminará en tragedia, dado que es un tema que ataca al “ser”. Salvo para Groucho Marx, que decía aquello de: “estos son mis principios, y si no le gustan… tengo otros“.

La mayoría de las empresas tienen una lista de valores colgados en alguna pared. Esa pared que nadie mira. Esos valores que nadie conoce ni se sabe. Los valores son lo que somos, cómo somos y cómo hacemos las cosas. Está bien tenerlos por escrito, pero se deben sentir en la organización. Se deben respirar y vivir continuamente. Y en el día a día hay cosas que no hacemos por nuestros valores, y hay cosas que si hacemos por nuestros valores. Hay cosas que hacemos de una forma por nuestros valores, y hay cosas que no hacemos de una forma por nuestros valores. Estén o no estén escritos en una pared.

Lo mismo ocurre con las personas, hay cosas que hacemos y cosas que no hacemos. Hay cosas que hacemos de una manera y que nunca haríamos de otra. Cuando en una empresa se hace de una forma que va en contra de mis valores, es cuestión de tiempo. Cuando una persona actúa en una empresa de una forma que va en contra de los valores de la empresa, es cuestión de tiempo.

Cada cantante tiene sus canciones. Y es que lo siento Rafa, pero esto no te va:

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