CEO2

(Gerente + compartiendo experiencias organizacionales)

Hemos sido educados para ver lo malo de las personas.  Es más, nos gusta  criticar, y si es en grupo mejor. Nos cuesta mucho más ver las cosas positivas de alguien que las negativas. Cuando pides opinión sobre alguien, normalmente, primero sale lo negativo, y después lo positivo (si lo hay). Es humano, pero injusto. Antes de opinar sobre alguien o algo, deberíamos hacer el ejercicio de dejar la mente en blanco, en estado neutral, y elaborar desde ahí, centrándonos más en las cosas buenas que en las malas, tratando de ser objetivos. Se dice que cuando se da feedback, se deben dar tres aspectos positivos por cada uno de mejora (negativo). Cuesta mucho.

Sin embargo, cuando hablamos de nosotros mismos ocurre lo contrario, nos cuesta mucho más buscar aspectos negativos que positivos. Me ha ocurrido muchas veces entrevistando para contratar a alguien. Normalmente, el defecto de todo el mundo es que es muy “perfeccionista“. Para los aspectos positivos todos tenemos 4 o 5 temas (profesional, trabajo en equipo, organizado, priorización,…).  Tuve en una ocasión una excepción, en la que una persona me dijo que era “perezosa“. Creedme, es mejor ser perfeccionista.

Hace tiempo alguien me dijo que cuando necesitará mejorar algo en un equipo no preguntara a una persona concreta qué hacía mal, sino qué hacían mal el resto de componentes del equipo…

Curiosa paradoja, cuando hablamos de los demás, vemos los defectos, y cuando hablamos de nosotros las bondades. Objetividad cero. ¡Qué importante es el feedback de los demás para poder autoanalizarnos y mejorar!

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