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(Gerente + compartiendo experiencias organizacionales)

EL EXAMEN

“Un lunes de examen, cuatro alumnos aparecen en clase sin haber estudiado y se inventan una historia. Le cuentan al profesor que, volviendo de una boda el día antes, tuvieron un accidente. Ellos salieron ilesos pero pasaron la noche en el hospital con sus amigos heridos. El profesor, comprensivo, les dice que les pondrá el examen al cabo de unos días cuando se les haya pasado el shock del accidente y estén más concentrados.

El día del examen, habiendo ya estudiado, se presentan ante el profe, que les coloca en cuatro clases separadas, les quita los móviles y les pone a los cuatro el mismo examen de cuatro preguntas:

  1. ¿Quién se casaba?
  2. ¿A qué hora fue el accidente?
  3. ¿Marca y modelo del coche en el que ibais?
  4. ¿Nombre de los amigos heridos?

Nota: si contestáis todos igual a las preguntas, tendréis un sobresaliente.”

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DIÓGENES

Estaba Diógenes cenando lentejas en su tonel cuando le vio el filosofo Aristipo, quien vivía confortablemente a punta de adular al Rey.

Y le dijo Aristipo: “Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas’.

A lo que replicó Diógenes: “Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey”.

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EL LETHANI

—¿Cuál es el corazón del Lethani? —preguntaba a Vashet.

—El éxito y la acción correcta.

—¿Qué es más importante, el éxito o la acción correcta?

—Son lo mismo. Si actúas correctamente, consigues el éxito.

—Pero otros consiguen el éxito mediante actos incorrectos —objeté.

—Los actos incorrectos nunca conducen al éxito —afirmó Vashet, tajante—.

—Si un hombre actúa incorrectamente y obtiene el éxito, ese no es el buen camino. Sin el Lethani no hay éxito verdadero.

Del libro “El temor de un hombre sabio” de Patrick Rothfuss

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TRABAJO BASURA

Más cerca de casa, la película de 1999 Trabajo basura esquematizaba los absurdos rituales y la burocracia de una ficticia empresa de tecnología,  y se convirtió en una película de culto porque la situación resultaba perfectamente reconocible.

En la película, el programador Peter Gibbons le describe su trabajo a un hipnoterapeuta:

PETER: Estaba hoy sentado en mi cubículo y he caído en la cuenta de que desde que empecé a trabajar, cada día de mi vida ha sido peor que el anterior. Eso quiere decir que cada vez que me ve, es el peor día de mi vida.

DOCTOR SWANSON: ¿Y qué me dice de hoy? ¿Es el peor día de su vida?

PETER: Sí.

DOCTOR SWANSON: Vaya, pues sí que estamos buenos.

Del libro “La nueva fórmula del trabajo” Laszlo Bock

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BILL GATES

Durante una visita a Harvard Business School, Bill Gates comentó: “El  problema con Ustedes es que a lo que llaman examinar el entorno, yo lo llamo hablar con la gente”.  

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DIÓGENES

Estaba Diógenes cenando lentejas en su tonel cuando le vio el filosofo Aristipo, quien vivía confortablemente a punta de adular al Rey.
Y le dijo Aristipo: “Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas’.
A lo que replicó Diógenes: “Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey”.

EL HERRERO

Un joven fue a solicitar un puesto importante en una empresa grande. Pasó la entrevista inicial e iba a conocer al director para la entrevista final. El director vio su CV, era excelente. Y le preguntó:
-“¿Recibió alguna beca en la escuela?” el joven respondió “no”.
-“¿Fue tu padre quien pagó tus estudios? ”
-” Si.”-respondió.
-“¿Dónde trabaja tu padre? ”
-“Mi padre hace trabajos de herreria.”
El director pidió al joven que le mostrara sus manos .
El joven mostró un par de manos suaves y perfectas.
-“¿Alguna vez has ayudado a tu padre en su trabajo? ”
-“Nunca, mis padres siempre quisieron que estudiara y leyera más libros. Además, él puede hacer esas tareas mejor que yo.
El director dijo:
-“Tengo una petición: cuando vayas a casa hoy, ve y lava las manos de tu padre, y luego ven a verme mañana por la mañana.”

El joven sintió que su oportunidad de conseguir el trabajo era alta.
Cuando regresó a su casa le pidió a su padre que le permitiera lavar sus manos.
Su padre se sintió extraño, feliz pero con sentimientos encontrados y mostró sus manos a su hijo. El joven lavó las manos poco a poco. Era la primera vez que se daba cuenta de que las manos de su padre estaban arrugadas y tenían tantas cicatrices. Algunos hematomas eran tan dolorosos que su piel se estremeció cuando él la tocó.
Esta fue la primera vez que el joven se dio cuenta de lo que significaban este par de manos que trabajaban todos los días para poder pagar su estudio. Los moretones en las manos eran el precio que tuvo que pagar por su educación, sus actividades de la escuela y su futuro.
Después de limpiar las manos de su padre, el joven se puso en silencio a ordenar y limpiar el taller. Esa noche, padre e hijo hablaron durante un largo tiempo.

A la mañana siguiente, el joven fue a la oficina del director.
El director se dio cuenta de las lágrimas en los ojos del joven cuando le preguntó: -“¿Puedes decirme qué has hecho y aprendido ayer en tu casa?”
El joven respondió: -“lavé las manos de mi padre y también terminé de asear y acomodar su taller”
-“Ahora sé lo que es apreciar, reconocer. Sin mis padres, yo no sería quien soy hoy. Al ayudar a mi padre ahora me doy cuenta de lo difícil y duro que es conseguir hacer algo por mi cuenta. He llegado a apreciar la importancia y el valor de ayudar a la familia.

El director dijo: “Esto es lo que yo busco en mi gente. Quiero contratar a una persona que pueda apreciar la ayuda de los demás, una persona que conoce los sufrimientos de los demás para hacer las cosas, y una persona que no ponga el dinero como su única meta en la vida”. “Estás contratado”.

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El espantapájaros

Con el tiempo he llegado a la conclusión de que tras este artilugio casi humano se esconde una gran enseñanza sobre el sentido del miedo. El espantapájaros, considerado como símbolo, tiene varias lecturas.

La primera, la más literal, es que asusta a los pájaros. Está plantado en un campo, se parece a un hombre, a un desconocido, y cuando los pájaros lo ven, huyen volando porque lo asocian con alguien que puede matarlos y tienen miedo.

La segunda lectura requiere algo de valor: hay que acercarse al espantapájaros, con prudencia y cuidado, “suavemente y con gran pericia”, y darse cuenta de que no se trata de un cazador o un labriego y que, por lo tanto, se puede comer de lo plantado en ese campo. No hay nada que temer, no hay peligro. A pesar de que al principio hay miedo a lo desconocido, nos estamos familiarizando con él y hemos comprobado aquello tan sabido de que las apariencias engañan.

En al tercera lectura, cuando el miedo ha desaparecido, tiene lugar una verdadera revelación: el espantapájaros, lejos de se un peligro, es casi siempre una oportunidad, ya que nos señala con precisión el lugar en el que podemos encontrar alimento.

Juli Peradejordi

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IKEA

  1. Sólo dejas de cometer errores mientras duermes.
  2. Divide tu vida en unidades de 10 minutos y sacrifica las menos posibles en actividades insignificantes.
  3. La burocracia complica y paraliza. La planificación en exceso es la principal causa de «muerte corporativa».
  4. Termina el trabajo que tienes pendiente cada día. Es el mejor somnífero.
  5. La felicidad no está en alcanzar tu objetivo, sino en el camino hacia el objetivo, así que elimina la palabra imposible de tu diccionario.
  6. Reflexiona: si es bueno para nuestros clientes, lo será también para ti a largo plazo.

Ingvar Kamprad(Fundador de IKEA)

LA VACA Y LA ATADURA

Un viejo maestro y su discípulo, tras visitar los parajes más pobres de una provincia, llegaron hasta la casa más triste de la comarca, donde pidieron alojamiento y pasaron la noche.

En aquella casa de seis metros cuadrados – repleta de basura, desperdicios y cuyo techo dejaba filtrar el agua- vivían ocho personas (el padre, la madre, cuatro hijos y dos abuelos vestidos con ropas viejas y malolientes) en la más absoluta pobreza, y cuyo único medio de subsistencia era una vaca flaca que les daba el alimento justo para sobrevivir.

Antes del amanecer, el viejo maestro se despertó, saco una daga de su bolsa, y de un tajo degolló a la vaca; luego, sin inmutarse, se marchó junto al discípulo que preocupado se preguntaba sobre el futuro de aquella familia.

Un año más tarde, el viejo maestro y su joven discípulo regresaron al mismo lugar, vieron que sobre aquella casucha se levantaba ahora una casa grande y recién construida. El joven discípulo, con tristeza, pensó que sus antiguos moradores habían abandonado el lujar, pero, para su sorpresa, tras acercarse a la casa y preguntar sobre sus moradores, descubrió que aquellas personas eran las mismas.

El joven preguntó al padre las razones del cambio y este le contó que hacía un año habían perdido drásticamente su único medio de subsistencia, la vaca. Le contó también que al principio su reacción fue de absoluta desesperación y angustia, se dieron cuenta de que, a menos que hicieran algo, su supervivencia estaría comprometida.

Así fue como notaron que detrás de la casa, debajo de mucha basura y chatarra, había tierra fértil. Despejaron el sitio y empezaron a sembrar, y la improvisada granja empezó a producir más de lo que necesitaban para vivir, por lo que empezaron a vender lo cosechado, primero a sus vecinos y luego al pueblo entero, obteniendo el dinero suficiente para vestirse mejor y arreglar la casa. Aquella familia vivía de modo conformista y la vaca era una cadena para ellos y no les permitía crecer.

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LOS RATONES

Una familia de ratones habitaba en la despensa de una casa, en la casa también habitaba un enorme gato que día y noche los vigilaba, los ratones muy poco salían de la despensa ya que le tenían mucho miedo al gato.
Hasta que llegó el día, los ratones decidieron ponerle fin al problema, convocaron una asamblea a petición del jefe de los ratones que era el más viejo. El jefe de los ratones se pronunció a los presentes:
  • Los he reunido para buscarle fin a este problema, no podemos seguir viviendo así, esto es invivible.
  • ¡Quiero opinar! -dijo un asistente a la asamblea- Vamos a ponerle un cascabel al gato y así todos sabremos por dónde camina el enemigo.
Esa interesante propuesta fue aceptada por todos en la asamblea entre aplausos y felicidad, ellos pensaron que con el cascabel estarían a salvo, porque su sonido avisaría la llegada del gato.
  • ¡Silencio! -dice el jefe de los ratones, para luego opinar- Falta algo muy importante. ¿Quién de todos le va a colocar el cascabel al gato?
Al escuchar eso los ratones se quedaron en silencio, ya que no podían contestar esa pregunta. Corrieron inmediatamente a sus cuevas muy triste, con hambre y sin ninguna solución.
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EL MANTEL

Un joven pastor y su mujer eran nuevos en el vecindario cuando se enfrentaron al primer desastre en su iglesia, debido a una gran tormenta que afectó a la zona cerca de Navidad. Lo que sucedió después fue un milagro hecho posible gracias a la amabilidad de la gente.

El nuevo pastor y su mujer, recientemente asignados por el primer ministro para reabrir una iglesia suburbana de Brooklyn, llegaron en octubre emocionados por esta nueva oportunidad. Cuando vieron la iglesia, estaba en ruinas y necesitaba mucho trabajo. Pero, en seguida, se pusieron manos a la obra para tenerla lista para dar su primer servicio el día de Nochebuena.

Trabajaron duro, arreglaron los bancos de la iglesia, enlucieron las paredes, pintaron y el 18 de diciembre estaba a punto de terminar, por lo que iban según el calendario que se había propuesto.

El 19 de Diciembre empezó un terrible temporal, que duró dos días.

El día 21, el pastor volvió a la iglesia. Se quedó destrozado al descubrir que la chimenea había tenido una fuga, provocando que un área de unos 6 x 2,5 metros del enlucido de la pared se hubiese derrumbado justo detrás del púlpito.

El pastor lo limpió todo sabiendo que iba a tener que posponer el servicio de Nochebuena.

De camino a casa, vio que un comercio de la zona tenía un mercadillo benéfico, y se paró en él. Uno de los objetos que había era un precioso mantel de crochet, hecho a mano de forma exquisita, muy colorido y con una cruz en medio. Era perfecto para cubrir en agujero que se había formado en la pared. Lo compró y volvió a la iglesia.

Había empezado a nevar. Una mujer mayor corría en dirección contraria para coger el bus. Lo perdió. El pastor la invitó a que esperara dentro de la iglesia hasta el próximo, que era 45 minutos después, para que estuviera más calentita.

Se sentó en uno de los bancos sin prestarle atención al pastor que cogió las escaleras, los ganchos… para colocar el mantel como un tapiz en la pared. El pastor no se podía creer lo bien que quedaba y cómo tapaba todo el agujero.

Entonces se dio cuenta de que la mujer se estaba acercando. Tenía la cara completamente blanca. “Pastor”, le dijo, “¿dónde ha conseguido ese mantel?”

 

El pastor se lo explicó. La mujer le pidió que la dejara acercarse para comprobar si en la esquina de abajo a la derecha tenía las iniciales EBG. Allí estaban.

Eran sus iniciales. Ella había hecho ese mantel 35 años antes, en Austria.

A la mujer le costó creer cómo el pastor había conseguido aquel mantel. Le explicó al pastor que antes de la guerra ella y su marido eran una adinerada familia en Austria.

Cuando llegaron los nazis, ella se vio obligada a salir del país. Su marido se iba a reunir con ella una semana después. Pero fue capturado, enviado a prisión y nunca volvió a verlo.

El pastor quiso devolverle el mantel, pero ella lo convenció para que se lo quedara para la iglesia.

El servicio del día de Nochebuena fue maravilloso. La iglesia estaba llena. La música y el espíritu eran indescriptibles. Al final del oficio, el pastor y su mujer saludaron a todos en la salida y la mayoría les dijeron que volverían.

Un señor mayor, que el pastor conocía del vecindario, se sentó en uno de los bancos y se quedó allí, hasta que el pastor se acercó a preguntarle por qué no se iba.

El hombre le preguntó que de dónde había sacado el mantel de la pared porque él había tenido uno idéntico hace muchos años cuando vivía en Austria antes de la guerra.

Le explicó al pastor que cuando llegaron los nazis, obligó a su mujer a marcharse para que estuviera a salvo y que él pensaba volver con ella, pero fue capturado y metido en prisión. Y que nunca había vuelto a ver a su mujer en 35 años.

El pastor le preguntó si le permitía que lo llevara a un sitio en coche. Condujo hasta Staten Island, a la misma casa a la que había llevado a la mujer tres días antes.

Ayudó al hombre a subir las tres plantas hasta el apartamento de la mujer, llamó a la puerta y contempló el reencuentro más bonito que había vivido nunca.

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La estrella de mar

»Es como la historia de los dos amigos que caminan por la playa y se encuentran con un montón de estrellas de mar en la orilla. Uno empieza a recogerlas y tirarlas de vuelta al mar y el otro le pregunta:

«¿Pero qué haces? Hay tantas estrellas de mar que es imposible ayudarlas a todas».

El primero toma otra estrella de mar y la lanza al océano al tiempo que responde: «Para esa en concreto, supone una grandísima diferencia».

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Las herramientas de carpintería

Había una pequeña asamblea en la carpintería, en donde las herramientas planeaban arreglar sus diferencias. El martillo fue escogido como el director de debates, pero la asamblea pidió su renuncia, porque hacía mucho ruido y se la pasaba golpeando a cada rato. El martillo aceptó, pero pidió que el tornillo fuera expulsado también, debido a que tenían que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.

El tornillo también aceptó, pero también solicitó que expulsaran al papel de lija, porque era muy áspera al tratar y constantemente tenía fricciones con los demás. Ella también aceptó, con la condición de que expulsaran a el metro, porque siempre se la pasaba midiendo a los demás según su propia medida, como si el fuera perfecto.

En ese instante, el carpintero entro al lugar, y utilizando todas las herramientas, transformo un trozo de madera, en un hermoso mueble. Cuando el carpintero se fue, la asamblea siguió, y el serrucho tomó la palabra:

 – Herramientas, ha quedado claro que todos tenemos defectos, pero al carpintero no trabaja con esos defectos, sino con nuestras cualidades. Eso nos hace valiosos. Así que dejemos de concentrarnos es nuestras debilidades y comencemos a tomar en cuenta nuestras cualidades.

Así, la asamblea determino: El martillo era fuerte, el tornillo unificaba y daba fuerza, la lija ayudaba a afinar y limar asperezas y el metro era preciso y exacto.

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El espejo

Renato casi no vio a la señora, que estaba en el coche parado, al costado de la carretera. Llovía fuerte y era de noche. Pero se dio cuenta que ella necesitaba de ayuda…
…Así, detuvo su coche y se acercó. El coche de la señora olía a tinta, de tan nuevo. La señora pensó que pudiera ser un asaltante. Él no inspiraba confianza, parecía pobre y hambriento…
…Renato percibió que ella tenía mucho miedo y le dijo: “Estoy aquí para ayudarla señora, no se preocupe. ¿Por qué no espera en el coche que está más calientito? A propósito, mi nombre es Renato”…
…Bueno, lo que pasaba es que ella tenía una rueda pinchada y para colmo era una señora de edad avanzada, algo bastante incómodo. Renato se agachó, colocó el gato mecánico y levantó el coche. Luego ya estaba cambiando la rueda. Pero quedó un poco sucio y con una herida en una de las manos…
…Cuando apretaba las tuercas de la rueda ella abrió la ventana y comenzó a conversar con él. Le contó que no era del lugar, que sólo estaba de paso por allí y que no sabía cómo agradecer por la preciosa ayuda. Renato apenas sonrió mientras se levantaba…
…Ella preguntó cuánto le debía. Ya había imaginado todas las cosas terribles que podrían haber pasado si Renato no hubiese parado para socorrerla. Renato no pensaba en dinero, le gustaba ayudar a las personas…
…Este era su modo de vivir. Y respondió: “Si realmente quisiera pagarme, la próxima vez que encontrase a alguien que precise de ayuda, dele a esa persona la ayuda que ella necesite y acuérdese de mí”…
…Algunos kilómetros después, la señora se detuvo en un pequeño restaurante. La camarera vino hasta ella y le trajo una toalla limpia para que secase su mojado cabello y le dirigió una dulce sonrisa…
…La señora notó que la camarera estaba con casi ocho meses de embarazo, pero por ello no dejó que la tensión y los dolores le cambiaran su actitud…
…La señora quedó curiosa en saber cómo alguien que teniendo tan poco, podía tratar tan bien a un extraño. Entonces se acordó de Renato. Después que terminó su comida, y mientras la camarera buscaba cambio, la señora se retiró…
…Cuando la camarera volvió quiso saber a dónde la señora pudo haber ido, cuando notó algo escrito en la servilleta, sobre la cual tenía 4 billetes de 1000 euros…
…Le cayeron las lágrimas de sus ojos cuando leyó lo que la señora escribió.
Decía:
– Tú no me debes nada, yo tengo bastante. Alguien me ayudó hoy y de la misma forma te estoy ayudando. Si tú realmente quisieras reembolsarme este dinero, no dejes que este círculo de amor termine contigo, ayuda a alguien…
…Aquella noche, cuando fue a casa, cansada, se acostó en la cama; su marido ya estaba durmiendo y ella quedó pensando en el dinero y en lo que la señora dejó escrito…
…¿Cómo pudo esa señora saber cuánto ella y el marido precisaban de aquel dinero?. Con el bebé que estaba por nacer el próximo mes, todo estaba difícil…
…Quedó pensando en la bendición que había recibido, y dibujó una gran sonrisa…
…Agradeció a Dios y se volvió hacia su preocupado marido que dormía a su lado, le dió un beso suave y susurró:
-Todo estará bien: ¡te amo Renato!

No te contagies de la falta de amabilidad que nos rodea.
LA VIDA ES ASÍ… UN ESPEJO… TODO LO QUE TÚ DAS EN ALGÚN MOMENTO, MÁS TARDE O MÁS TEMPRANO ¡VUELVE A TI!

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Empujó a su esposa para salvarse durante el hundimiento de un crucero. Lo hizo por un buen motivo

Un día, durante una clase, una profesora relató a sus alumnos una historia sobre un crucero que se hundió en el mar. Contó cómo una pareja logró llegar hasta el último de los botes salvavidas, pero desafortunadamente se dieron cuenta de que solo había espacio para uno. No te imaginas la lección que aprendieron aquel día.

Durante un viaje, un crucero tuvo un terrible accidente en el mar que obligó a todos sus tripulantes a evacuarlo de emergencia. Una pareja logró llegar hasta el último de los botes salvavidas, pero por desgracia solo había espacio para una persona. En ese momento, el hombre empujó a su mujer y saltó al bote. La mujer se quedó en el barco y mientras se hundía le gritó algo a su marido.

La profesora paró y pregunto:

¿Qué creéis que gritó la mujer?

La mayoría de los estudiantes contestaron: ¡Te odio! ¡Eres lo peor!

Entre todo el alboroto, la profesora se dio cuenta de un chico que estaba en silencio y le repitió la pregunta.

El chico que estaba en silencio contestó: Profesora, creo que lo que le gritó fue algo como ¡cuida de nuestro hijo!

Sorprendida, la profesora le preguntó ¿Has oído esta historia antes?

El chico negó con la  cabeza.

No pero eso fue lo que mi madre le dijo a mi padre antes de que muriese por una enfermedad. La profesora un poco afectada le dijo que la respuesta era correcta y prosiguió con la historia.

El crucero se hundió. El hombre regresó a casa y crió a su hija él solo. Muchos años después, el hombre murió y su hija encontró un diario mientras ponía en orden sus pertenencias. Resulta que pocos días antes de subir al barco, a la madre le había diagnosticado una enfermedad terminal. En aquel momento del hundimiento, el padre corrió hasta la única oportunidad de supervivencia de su hija. Él escribió en su diario. “Cómo hubiese deseado hundirme hasta el fondo del mar contigo cariño, pero por el bien de nuestra hija solo puede dejarte descansar en soledad.”

La clase estaba en silencio mientras la profesora terminó la historia.

Todos los estudiantes habían entendido la moraleja de la historia:

Lo que está bien y lo que está mal a veces es muy difícil de diferenciar. Es por esto que no sólo hay que centrarse en lo superficial y juzgar a los demás sin entenderlos por completo.

Aquellos que pagan las cuenta en los bares no lo hacen porque les sobra el dinero, lo hacen porque valoran la amistad por encima del dinero.

Aquellos que toman la iniciativa en el trabajo no lo hacen porque son estúpidos, sino porque comprenden el concepto de responsabilidad.

Aquellos que se disculpan primero después de una pelea no lo hacen porque estén equivocados, lo hacen porque valoran a las personas que le rodean.

Aquellos que a menudo te escriben no lo hacen porque no tienen nada mejor que hacer, lo hacen porque te tienen en su corazón.

Un día, todos estaremos separados los unos de los otros. Extrañaremos nuestras conversaciones más tontas y los sueños que teníamos. Los días pasan, los meses, los años, el tiempo pasa hasta que retomar el contacto con otra persona se hace raro. Un día nuestros hijos preguntarán “¿Quiénes son esos?” Y nosotros contestaremos “Con ellos tuve los mejores momentos de felicidad.”

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DABIZ MUÑOZ

La certeza de que nuestro peor día debería ser un 9,5, ocurra lo que ocurra, y también la seguridad de que el salto de ese 9,5 al 10, mi propio concepto del 10, es lo que marca la diferencia, lo que realmente hace que nuestra comida te haga explotar las papilas gustativas y la gente se vaya a casa pensando que nunca ha visto, sentido y saboreado nada igual…

Una insatisfacción constante ante lo conseguido y ante nuestros éxitos, que aunque siempre he pensado que haciendo lo que hacemos somos buenos, siempre creo que todo podría estar mejor.

Por definición pienso que las cosas nunca están acabadas, que siempre se puede ir más allá, que siempre se puede mejorar, que nunca nada es lo suficientemente bueno…

No hay que parar nunca, hay que vivir en un caos alegórico y controlado pero eminentemente creativo. La innovación como motor de progreso y mejora constante.

Porque ese dicho terriblemente manido y mediocre por definición, inmovilista y conservador de que “si algo funciona no lo cambies”, yo no lo compro, no me interesa. Si algo funciona cámbialo, mejóralo constantemente y te asegurarás así que nunca va a dejar de ser bueno, que nunca dejará de evolucionar y te obligará a ser una versión mejorada de ti mismo.

No quiero parecerme a nadie, quiero que lo que hago sólo lo haga yo y además quiero que sea mejor que nada, y ser mejor que nadie; joder, no puedo evitarlo, siempre tengo hambre de más. Reconozco sin rubor que soy asquerosamente competitivo desde que tengo uso de razón, y debo confesar que me gusta, quiero ser el número uno, quiero serlo de verdad, llevo invertidos años y millones de horas totalmente imbuido en mejorar, perfeccionar y ampliar mi talento como si de un músculo se tratase, quiero ser mejor que yo mismo el día anterior, siendo esto aplicable a cualquier profesión o ámbito de la vida, esa actitud, de querer ser el número uno, ya sea haciendo hamburguesas, enyesando una pared o conduciendo un autobús… Amo irremediablemente a la gente que quiere ser el mejor haciendo lo que hace, porque aunque nunca lo consiga, esa forma de entender la vida es pura esencia de vida, es una de las mejores vías para encontrar motivación y que consigan sus retos y no sólo eso, es la mejor forma de encontrar el éxito en lo que se hace. Tu propio éxito y no el que marcan los cánones preestablecidos por la sociedad. Y aquí, una vez más, no hay otro camino, sólo quiero a mi alrededor gente con hambre en los ojos, gente con ganas de ganar, gente con ansias de pulir y mejorar su talento, ese músculo oculto dentro de nosotros que mueve el mundo, que mueve masas y que la gente olvida que tuvo en su vida y lo dejó marchitar porque se dejó arrastrar hacia lo que la vida le fue deparando y se conformo con ello. No dejes que te ocurra, no dejes que nadie te diga que no tienes talento, lucha, sácalo y demuéstrale al mundo porque piensas que eres bueno.

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ZAI YU

ZAi Yu se pasaba el día en la cama. El maestro comentó: « La madera podrida no se puede tallar; las paredes hechas de estiércol seco no se pueden alisar. ¿De qué sirve corregir a una persona como Zai Yu?»
El Maestro añadió: «Hubo un tiempo en que solía confiar en los actos de un hombre después de escuchar sus palabras, pero ahora escucho lo que dice y luego observo lo que hace. Zai Yu es quien me ha hecho cambiar«. 
Confucio

EL LÍDER

Algunos comandantes hacen que sus hombres no estén dispuestos a trabajar y a correr riesgos, y que se muestren desanimados y reacios a obedecer, excepto cuando les obligan a ello, y en realidad estén orgullosos de desafiar a su comandante. Sí, y tales comandantes hacen que esos hombres carezcan de sentido de la deshonra cuando sucede algo inaceptable. Comparemos a estos hombres con el general valiente y capaz, dotado del don natural del liderazgo. Permítasele que tome el control de esas mismas tropas o, si se prefiere, de otras. ¿Qué efecto tiene sobre ellas? Se sienten avergonzadas de cometer un acto deshonroso, opinan que es mejor obedecer y enorgullecerse de ello, trabajar alegremente (cada hombre y todos juntos) cuando sea necesario hacerlo.
De la misma manera que el amor por el trabajo puede surgir en la mente de un soldado individual aquí y allá, todo un ejército bajo la influencia de un buen líder se siente inspirado por el amor del trabajo y por la ambición de distinguirse a los ojos de su general. Si así es como el general hace sentirse a los oficiales y a los soldados, entonces es un líder excelente. Por consiguiente, el liderazgo no consiste en ser el mejor en el uso del arco y de la jabalina, ni en cabalgar en la mejor montura y ser el primero en arrostrar un peligro, ni en ser el que mejor conoce las tácticas de la caballería. Consiste en ser capaz de hacer sentir a los soldados que deben seguirle a toda costa y en cualquier aventura. Lo mismo sucede en las actividades privadas: el hombre dotado de autoridad (el director o administrador), que consigue que los trabajadores sean animosos, industriosos y perseverantes, es el hombre que hace que su negocio crezca de forma provechosa.
En un buque de guerra, cuando está en alta mar y los remeros deben bogar todo el día para llegar a puerto, algunos contramaestres pueden decir y hacer lo que es correcto para levantar la moral de sus hombres y hacerles trabajar a conciencia. Otros carecen hasta tal punto de esta habilidad que tardan el doble de tiempo en concluir el mismo viaje. Los unos arriban a puerto bañados en sudor, felicitándose mutuamente el superior y sus remeros. Los otros llegan sin haber sudado; odian a su superior y él les odia a ellos.
Jenofonte

EL JUSTO

-Todos los de la aldea le aprecian- dijo Zigong-. ¿Qué piensas tú?
– Eso no basta- Contestó Confucio.
– Todos los de la aldea le miran mal. ¿Qué piensas tú?
El Maestro dijo:
– Eso tampoco basta. Seria mejor decir: “Los habitantes buenos de su aldea le aprecian y los malos le miran mal”.
Asegurate de andar con prudencia al tratar con un hombre al que la multitud no aprecia. Asegurate de andar con prudencia en el caso de un hombre al que la multitud aprecia.
Confucio

EL CABALLO

Cuando un hombre te llame caballo, ríete de él.
Cuando dos hombres afirmen que eres un caballo, piensa en ello.
¿y cuando tres hombres digan que eres un caballo?
Más vale que vayas a comprarte una silla de montar.
Proverbio hungaro

DI STEFANO

Para empezar a hablar, seamos éticos. Busquemos en el rico mundo del fútbol una imagen digna para iniciar este capítulo. Nadie mejor, para interpretarla, que un futbolista que es leyenda del Real Madrid y al que le sobra autoridad moral aunque solo sea porque regaba de sudor los campos que pisaba: Alfredo Di Stéfano. En cierta ocasión, mientras veíamos juntos un partido del Real Madrid, Alfredo se empezó a remover inquieto en el asiento ante la falta de participación de un jugador. Le ponía enfermo su escaso número de intervenciones en el partido y, como siempre ha sido su costumbre, comenzó a darle instrucciones desde su asiento con su innegociable acento argentino: «Pedila», «Mostrate», «No te escondas». Todo eso acompañado de alguna que otra descalificación porque no podía esconder su enfado. De pronto, su prodigiosa memoria rescató una lección que, desde entonces, guardo como la expresión más perfecta de lo que conocemos como vergüenza deportiva: «Cuando yo pasaba diez minutos sin tocar la pelota —dijo—, miraba a la tribuna y me preguntaba: “¿Qué estarán pensado toda esta gente de mí?”

Si aquellos aficionados hubieran sabido lo que a Alfredo le pasaba por la cabeza en ese momento con toda seguridad hubieran pensado de él que era un futbolista de los pies a la cabeza. Porque ahí empieza la ética: en el respeto al otro. Muchas veces la fuerza de la dignidad y de la credibilidad es más fácil encontrarla en historias así de pequeñas que, sin embargo, supieron construir leyendas así de grandes.

Jorge Valdano

BILARDO

La obligación de ganar y el desmérito de volver con las manos vacías son dos ideas claras del estilo bilardiano. Antes del viaje a México, donde aterrizó un mes antes del campeonato, el Narigón les dijo a sus jugadores: “Muchachos, en la valija pongan dos cosas: un traje y una túnica. el traje es por si ganamos el Mundial, y la túnica es por si perdemos en primera ronda ¡y nos tenemos que ir a vivir a Arabia Saudita!” Algo semejante ocurrió en el ’90. Tras la derrota del equipo contra Camerún en el debut mundialista, Bilardo advirtió al equipo: “¡Si perdemos contra Rusia, le pagamos un paracaídas al piloto y manejo yo el avión hasta que nos estrellemos!”

ZANAHORIAS, HUEVOS Y CAFÉ

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro. Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.

A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿qué ves?”

  -“Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humildemente la hija preguntó: “¿Qué significa esto, padre?”

El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer.

El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.

Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua. “¿Cual eres tú?”, le preguntó a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido? ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

Y tú,¿cual de los tres eres?

CONEJOS O LEONES

Una coneja y una leona se encontraron en medio de la sabana y se pusieron a charlar. La coneja empezó a presumir de su enorme capacidad para aparearse y parir crías:

—Pues sí, aquí donde me ves, puedo llegar a tener en un año cincuenta gazapillos, ¿y tú?

—Yo solo dos, pero traigo al mundo leones.

El campeón de perritos calientes de pensar en grande

Para viajar ligero de equipaje y fijar nuevos limites, lo primero que tienes que hacer es «ver el bagaje».

Esto es lo que hizo Takeru Kobayashi, de esbelta figura, cuando superó el récord mundial de comer perritos calientes.

El récord mundial estaba en 25 perritos calientes más un octavo de perrito en un tiempo de 12 minutos. Kobayashi, que sólo pesa 57 kilos, fue objeto de las burlas de otros competidores en el campeonato de perritos calientes de Coney Island, dada su escasa corpulencia.

Entonces se comió 50.

Su demolición del récord anterior fue tan aplastante que el Urban Dictionary define al jugador dominante en un campo como “un Kobayashi”. Por ejemplo, hubo un tiempo en que Tiger Woods fue el «Kobayashi del golf.

Pero volvamos a nuestro tema. Kobayashi pensó que el récord existente no debía suponer un límite para su ambición, porque constreñiría su imaginación de lo que era posible. Los competidores anteriores llevaban demasiado lastre: pensaban que 25 perritos calientes más un octavo de perrito y, posiblemente, un poquito más, construían el limite definitivo de lo que era posible. De hecho, habían topado con una barrera mental, no física, porque no consiguieron pensar lo bastante en grande como Para superar el récord.

De modo que Kobyashi abordó la competición con un pensamiento fresco. Se dio cuenta de que era más eficaz separar las salchichas de los bollos. A esto se le llama «método Solomon».

Mientras empezaba a comerse las salchichas de dos en dos, gestionó el difícil problema de los bollos.

Para zamparse los bollos a buen ritmo, los mojaba en un vaso de agua y luego se los metía en la boca. Esto hace que sean menos secos, más rápidos de masticar y digerir, y encima ahorra el tiempo dedicado a beber agua.

También creó el “batido Kobayashi”, que consiste en saltar arriba y abajo y girar el torso, lo cual hace que la comida baje más rápido por el esófago y crea más espacio estomacal.

Por lo tanto, ésta es la pregunta que nos plantea todo esto: ¿es Kobayashi una maravilla física única, o detectó el equipaje mental que llevaban a cuestas todos los demás?

Bueno, ya conoces la respuesta. Una vez que Kobayashi mostró al mundo su equipaje, todo el mundo arregló el problema. Se dieron cuenta de que habían puesto límites a su propia ambición. Ahora Joel Chestnut posee el récord mundial de perritos calientes comidos de una sola sentada: 69.

Estos límites se encuentran por doquier. Éste es el equipaje mental que coarta nuestra ambición.

Tal como declaró Kobayashi a Dubner «De modo que si toda persona se deshiciera de esos pensamientos y aplicara a todas las cosas ese método de pensar, creo que el potencial del ser humano sería realmente grande, sería enorme si lo comparamos con lo que pensamos de nosotros mismos».

LOS CARRITOS DE LOS SUPERMECARDOS

Sylvan Goldman era el dueño de la cadena de supermercados Piggly Wiggly en Oklahoma City, y le iba muy bien. Pero la cantidad de artículos que podía vender a sus clientes estaba limitada por la fortaleza de los músculos de sus brazos y por el dolor de sus dedos.

Reflexionó sobre el problema, que era que los clientes «manifestaban la tendencia a dejar de comprar cuando las cestas estaban muy llenas o pesaban mucho».

Con la ayuda de un carpintero y un operario de mantenimiento, le puso ruedas a las patas de una silla plegable y colocó una cesta en el asiento; aquel invento tan poco atractivo fue el prototipo del primer carrito de la compra.

Pero la idea no arraigó; los compradores no querían usar carritos. A los hombres les parecía que era indicativo de que eran demasiado débiles como para llevar sus propias compras, y las madres (de la época) sentían que ya habían empujado suficientes carritos en su vida.

Los carritos de Goldman tenían mucho sentido, pero eso no bastaba.

Así que pensó «sí, y…» y dio unos pasos adicionales.

Contrató a ayudantes que ofreciesen carritos a los compradores, y a modelos que se paseaban por sus tiendas demostrando mediante el ejemplo cómo podían tomarse su tiempo, reunir una gran cantidad de artículos y hacerlo sin ponerse a sudar ni lesionarse los bíceps.

Al final la idea caló, los supermercados se rediseñaron para permitir la compra con carrito y Goldman pudo percibir un canon por cada carrito plegable vendido.

Goldman había sacado a la superficie su caballo blanco. Y fue un paso más allá e hizo realidad su idea. Pero eso no bastaba. Fue necesario tener más buenas ideas para que la primera tuviera éxito.

Y eso es lo que hizo falta: una idea sobre otra, pensar en grande sobre pensar en grande, para meter en el mundo su Gran Idea, que al final no sólo le convertiría en multimillonario, sino que sería uno de esos inventos que pasan un tanto desapercibidos, pero cambian el mundo.

Del libro El pequeño libro para pensar en grande de Richard Newton

 

EL PROBLEMA DE LOS POZOS

Se cuenta que en China había una escuela famosa por los duros métodos de aprendizaje que utilizaba con los discípulos. Un día, un maestro ordenó a algunos novicios que lo siguieran hasta que llegaron a un claro. Allí les dijo:

—Un poco más adelante veréis unos pozos en donde han pasado la noche unos discípulos más avanzados, a los que se ha sometido a una prueba consistente en que el pozo estaba lleno de serpientes y debían actuar al respecto. Quiero que me digáis qué discípulo, en vuestra opinión, ha sido el vencedor y que me expliquéis el razonamiento de vuestra conclusión.

Los novicios llegaron al primer pozo y vieron que el discípulo estaba muerto y las serpientes recorrían su cuerpo inerte.

Llegaron al segundo pozo y comprobaron que no había nadie y quedaban solo las serpientes.

En el tercer pozo pudieron contemplar cómo el discípulo vivía y las serpientes estaban todas muertas.

En el cuarto vieron al discípulo en posición de meditación mientras las serpientes re-corrían su cuerpo.

En el último vieron cómo el discípulo se las había ingeniado para hacer una hoguera, por lo que las serpientes estaban a un lado y en el otro se encontraba él durmiendo. Después de deliberar, le presentaron al maestro sus conclusiones:

—Creemos que el discípulo del primer pozo murió al ser mordido por las serpientes. El del segundo pozo, en cambio, logró escapar antes de que lo atacaran. El del tercero es muy valiente y ha logrado pelear con las serpientes, vencerlas y salir indemne. El del último pozo es un hombre astuto e ingenioso que ha conseguido con el fuego mantener alejadas a las serpientes. En el cuarto creemos que el discípulo ha superado su miedo y ha conseguido tal paz interior con la meditación que la ha transferido a los animales, de tal manera que estos también permanecen igualmente tranquilos y sin miedo, por lo que no lo han atacado. Debido a ello consideramos que este es el vencedor de la prueba.

El maestro después de escucharlos, contestó:

—Vuestro análisis es falso, pues parte de la ignorancia y la suposición. Habéis supuesto que las serpientes son venenosas y la ignorancia no os permite saber que esa especie es inofensiva. El primer discípulo murió de miedo, el segundo escapó de unos animales que no podían hacerle ningún daño, el tercero luchó y mató inútilmente a las inofensivas serpientes, el cuarto hizo un esfuerzo de meditación innecesario en este caso y, solo el último, que tenía un conocimiento real y sabía que esos animales no le harían nada, se puso a dormir tranquilamente, no sin antes encender una hoguera, ya que la noche era fría.

LA ELEFANTA

Hay una elefanta madre grande y fuerte y una cría de elefante.

El elefantito está atado a un poste con una soga gruesa. Tira una y otra vez de ella intentando soltarse.

La elefanta madre está atada a un poste con una cuerda fina y deshilachada. Dada su enorme fortaleza, podría romper la cuerda o arrancar el poste. No lo hace.

Una niña observa la situación y se rasca la cabeza. Se dirige al adiestrador de elefantes y le dice:

—El pequeño intenta escapar, pero no puede. La madre puede huir, pero no lo hace. ¿Por qué la elefanta no se suelta?

—Cuando era pequeña también intentaba soltarse. Descubrió que no podía —contesta él—. Ahora da por hecho que sigue siendo Imposible. Está atada por la cuerda más resistente del mundo.

EL SABIO Y LA TAZA DE TÉ

Un hombre fue a visitar a un viejo sabio con el fin de que lo instruyera. El anciano lo recibió invitándolo a una taza de té. Mientras tanto, el recién llegado no paraba de hablar sobre sus muchos conocimientos y mostraba sus opiniones sobre cualquier cosa. El sabio cogió la tetera y empezó a verter té sobre la taza de su invitado, de tal modo que el humeante líquido se derramó. No obstante, el viejo siguió sirviendo té.

—¿Qué hace usted? —dijo el hombre—. ¿No se da cuenta de que la taza rebosa y está cayendo el té al suelo?

El anciano sonrío pícaramente y dijo:

—Ilustro esta situación. Tú, al igual que la taza, estás ya lleno de tus propias opiniones, prejuicios y creencias. ¿De qué serviría que yo intentara enseñarte algo si antes no te vacías?

EL MONJE Y LA MUJER

Dos jóvenes monjes salieron por primera vez de su monasterio para realizar un viaje.
Su mentor los advirtió de los peligros del mundo y especialmente les previno para que evitaran el contacto con mujeres dada su juventud e inexperiencia.
Cerca del vado de un río escucharon los lamentos de alguien pidiendo ayuda.
Uno de los monjes se acercó a unos matorrales y vio a una mujer herida y desnuda.
El monje la cargó en brazos y cruzó con ella el río hasta llevarla a un pueblo cercano en el que la asistieron.
Durante este recorrido el otro monje no paró de recriminarlo. Una vez que salieron de aquel pueblo y reemprendieron la marcha las recriminaciones no cesaron.
– ¡Has llevado a una mujer en brazos ¡ ¡ Y además estaba desnuda ! ¡El mentor nos advirtió de que ni siquiera nos acercásemos a ellas y tú la has cargado en brazos!
Y así continuó durante varias leguas hasta que el monje compasivo se cansó de escucharlo y le contestó.
– Yo solté a la mujer cuando llegamos al pueblo, pero tú aun la llevas encima.

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EL HOMBRE QUE QUERÍA AGUA

Un hombre se perdió en el desierto. Al cabo de unos días y, estando ya a punto de morir de sed, vio cómo se acercaba una caravana. Reuniendo fuerzas alcanzó a gritar: .—¡Aaaaguuuaaal

—Pobre hombre, necesita agua. Rápido, traigan un pellejo —dijo al verlo uno de los viajeros que parecía el jefe.

—¿Un pellejo? No, por Dios, este hombre no tiene fuerzas para beber en un pellejo; es mejor traer un cántaro —dijo otro.

—iQué complicación! —exclamó un tercero—; es mejor traer un cuenco de madera.

—Aaa…gguuaaa —susurró el moribundo.

—Pero hombre —intervino otro viajero—, ¿no recuerdan que tenemos un vino excelente? El vino le reanimará, además de calmarle la sed.

—Vosotros os habéis vuelto locos —argumentó el jefe—. ¿Cómo vamos a darle vino sin saber antes si es musulmán?

—Aaaa…gg…uuaaa, por favor —imploró el sediento.

Los mercaderes de la caravana no terminaban de discutir.

—Señores, ¿de verdad piensan dar de beber a este hombre aquí, a pleno sol? Primero debemos llevarlo a la caravana y ponerlo cómodamente a la sombra… A los viajeros no les dio tiempo de porfiar más; aquel hombre acababa de morir en sus brazos.

La Tortuga y el Escorpión

 Hace algún tiempo, una pequeña tortuga se encontraba retozando en un riachuelo disfrutando de una soleada mañana, sin ninguna preocupación, al poco tiempo escucho que una voz la llamaba desde una de las orillas del río -Tortuga, tortuguita, ven por favor-, como todos sabemos, las tortugas de río son básicamente animalillos de buen corazón, así que sin dudarlo un segundo la tortuga se acerco confiadamente a la voz que la llamaba.

Al llegar a la orilla del río, la tortuga se llevo un gran susto al advertir que el dueño de la voz que la llamaba era un escorpión negro, como todos sabemos esos animales son extremadamente peligrosos por lo que la tortuga (ingenua al fin y al cabo) le pregunto sin acercarse a la orilla:
-Que quieres de mi escorpión?- a lo que el otro respondió .
-Pequeña tortuga, tengo una urgencia y debo cruzar hacia el otro lado del río, serias tan amable de ayudarme a cruzar llevándome sobre tu lomo?-

La tortuga solo tardo un instante en pensar que ahí había gato encerrado y rápidamente le contestó:
-No te llevo, por que eres un escorpión y en cuanto me acerque a ti, me vas a picar y me vas a matar-

Al escuchar estas palabras el escorpión rompió a llorar a mares y usando un tono lastimero le dijo a la tortuga:
-En verdad necesito cruzar al otro lado y no tengo tiempo para dar un rodeo, es una pena que no me quieras ayudar solo por que soy un escorpión, yo no tengo la culpa de ser lo que soy-

La pobre tortuga, que era de buen corazón, estuvo a punto de ayudarle al escuchar el llanto del que pedia su ayuda, pero recordó los escorpiones son animales que son capaces de picar a otro y matarlo solo por placer, así que comenzó a alejarse y le dijo al escorpión:
-Lo siento mucho, pero no debo de ayudarte, por que me matarías-

El escorpión desesperado le dijo:
-Tortuguita, por favor espera, te propongo lo siguiente; Tu sabes que yo no se nadar verdad?-
-Si- Contesto la tortuga un poco intrigada.
-Y sabes también, que lo único que a mi me interesa es cruzar al otro lado verdad?-
-Si- Dijo una vez mas la tortuga.
-Pues entonces que te parece si solo te acercas a la orilla lo suficiente para que yo pueda llegar a tu lomo mediante un salto, de ese modo estarás segura de que no te puedo picar cuando te me acerques, también estarás segura de que no te puedo picar cuando me estés llevando, por que si te hundes tu, pues yo también me hundiría y moriría junto contigo, además al llegar a la otra orilla me dejas a la distancia justa de un brinco y si desperdicio mis fuerzas en tratar de picarte, pues no voy a llegar a la orilla y me voy a ahogar- Dijo el escorpión y por último agregó –Por favor tortuga, por favor hazme ese gran servicio, sabes que si te pico pierdo yo tanto o más que tu-

La pobre tortuguita no sabia que hacer y repaso mentalmente el plan del escorpión y peso para sus adentros “Debe estar muy desesperado para pasar al otro lado ya que esta poniendo su vida en mis manos” y sin mas, se decidió. -Esta Bien- Dijo -Súbete, te llevo-.

El escorpión muy agradecido salto a lomos de la tortuga y esta inicio su recorrido silbando una alegre melodía, sin embargo al llegar a la mitad exacta del río la tortuga sintió el terrible piquete del escorpión en la base de su cuello, atónita al tiempo que sentía como su cuerpo se entumecía y comenzaba a hundirse solo pudo voltear a ver al escorpión y preguntarle -Que paso?- a lo que el escorpión respondió antes de ahogarse –No lo pude evitar, es mi naturaleza…-

El erizo y el zorro

Por Jim Collins, Good to Great (HarperCollins 2001)

En su famoso ensayo “El Erizo y el Zorro”, Isaiah Berlin dividió el mundo en erizos y zorros, basado en una antigua parábola Griega “El zorro sabe muchas cosas, pero el erizo conoce una cosa importante”. El zorro es una criatura astuta, capaz de concebir una cantidad importante de estrategias complejas para atacar de sorpresa al erizo. De día y de noche, el zorro le da la vuelta a la guarida del erizo, esperando el momento perfecto para atacar. Rápido, brillante, hermoso, de pies veloces y hábil – el zorro parece el seguro ganador. Por otro lado, el erizo es una criatura sin elegancia, parece ser de una mezcla de puercoespín y un pequeño armadillo. Se pasa el día caminando lentamente, buscando su almuerzo y cuidando su hogar.

El zorro espera en un astuto silencio en el cruce del camino. El erizo, sin ninguna preocupación camina lentamente hacia el camino del zorro. “Ajá!” ¡Ahora sí te agarré! piensa el zorro. El zorro da un gran salto, tan rápido como un relámpago. El pequeño erizo, sintiendo el peligro mira hacia arriba y piensa, “Aquí vamos otra vez ¿Aprenderá algún día?

Entonces, el erizo se enrolla en una perfecta bola, y se convierte en una esfera de filosas espinas, cada una de ellas apuntando hacia fuera en todas las direcciones. El zorro salta contra su presa, ve como el erizo se defiende y desiste del ataque. En su retirada hacia el bosque, el zorro comienza a tramar su nueva estrategia de ataque. Cada día, se repite la misma historia de la batalla entre el erizo y el zorro, y a pesar de la gran astucia del zorro, el erizo siempre gana.

Berlin extrapoló de esta pequeña parábola para dividir las personas en dos grupos básicos: zorros y erizos. Los zorros persiguen muchas metas al mismo tiempo y ven el mundo en toda su complejidad. Están “dispersos o difusos!, moviéndose en muchos niveles, dice Berlin, nunca integran su pensamiento en un concepto total o una visión unificada. Por otra parte, los erizos simplifican un mundo complejo en una idea organizacional simple, un principio básico de concepto que unifica y guía todo. No importa cuan complejo sea el mundo, un erizo reduce todos los retos y dilemas a ideas de erizos simples. Para un erizo, cualquier cosa que no tiene relación a ideas de erizo, no tiene ninguna relevancia.

Marvin Bressler, catedrático de la Universidad de Princeton, señaló que el poder del erizo durante una de nuestras largas conversaciones: “¿Quieres saber qué separa a aquellos que logran hacer un mayor impacto de las demás personas que solamente son listas? Son erizos”. Freud y el inconsciente, Marx y la clase trabajadora, Einstein y la relatividad, Adam Smith y la división de labor – todos ellos eran erizos. Tomaron un mundo complejo y lo simplificaron. “Aquellos que dejan las huellas más grandes”, dijo Bressler, “escuchan muchas veces, “es una buena idea, pero has ido demasiado lejos!”.

Quiero que quede claro que los erizos no son estúpidos. Por el contrario. Ellos comprenden que la esencia de las ideas profundas es las simplicidad. ¿Qué puede ser más sencillo que e=mc2?¿Qué puede ser más sencillo que la idea del inconsciente, organizada en un id, ego y superego?¿Qué puede ser más elegante que la fábrica de alfileres de Adam Smith? No, los erizos no son tan simples, tienen una idea penetrante que les permite ver a través de las complejidades y discernir patrones fundamentales. Los erizos ven lo esencial e ignoran el resto.

Los jabalíes de la ciénaga de Okefenokee

Un forastero detiene su caballo y su carreta delante de una tienda de pueblo, en la que venden las mercancías más diversas, situada en el camino a la ciénaga de Okefenokee.

Anuncia: ¡He venido a cazar jabalíes!

Los parroquianos se echan a reír. ¿Esas bestias salvajes y peligrosas? ¡Ni lo sueñes!. Ni los rifles más potentes pueden abatirlos. ¡Vuelve a casa! Forastero, perdí esta pierna huyendo de los jabalíes. Márchate.

En realidad quería comprar maíz, dice. Y cada semana compra más de camino a la ciénaga.

Los cazadores se rascan la cabeza, acarician sus escopetas y pasan los meses hasta que un día el forastero anuncia: Caballeros, tengo que llevar seiscientos jabalíes al mercado.

En medio de un silencio fruto del asombro, explica su técnica: «Primero puse un poco de maíz en el borde de un claro. Cada semana añadía un poco más de grano en dirección al centro».

Primero los jabalíes jóvenes, pero al final incluso los más grandes y salvajes, sucumbieron al atractivo de la comida fácil. «Dejaron de temerme, y metro a metro fui construyendo un corral. Como tenían  la vista fija en el maíz, ni se enteraron.»

¡No es posible! —Protestaron los viejos cazadores—. ¡Eso no es cazar!

Claro que lo es- replicó el hombre-. Y esta mañana cerré la puerta.

Esta historia es un cuento con moraleja de doble cara. Las dos caras dicen lo mismo: usa tu cabeza.

  1. El forastero cuestiona los métodos tradicionales de cazar jabalíes, y entonces tiene éxito.
  2. Los jabalíes dejan de pensar y no logran darse cuenta de que gradualmente (y hábilmente) los están encerrando

A CADA UNO SU RESPUESTA

Un joven discípulo se sentó un día al lado de su maestro a la hora en que este recibía visitas de personas que querían acceder a su sabiduría.

El primero le preguntó: —Señor, ¿Dios existe?

—Sí —fue su respuesta.

El segundo visitante fue una mujer que preguntó lo mismo:

—Oh, venerable sabio, ¿existe Dios?

—No —fue en esta ocasión su respuesta.

El último visitante también preguntó lo mismo, pero esta vez la respuesta del maestro fue el silencio.

El muchacho estaba desconcertado e inquirió la razón por la cual el maestro respondía de modo distinto a la misma pregunta.

—Verás, el primer hombre estaba pasando una crisis espiritual y mi respuesta ha contribuido a confirmar su intuición espiritual. La mujer, en cambio, es una devota que deja de atender a su familia para pasar las horas poniendo incienso y aceite a las imágenes, por lo que he contribuido a deshacer sus fantasías. En cuanto al tercero, era simplemente un curioso diletante al que no merecía la pena ni dedicarle un minuto.